En la cadena montañosa de los Pirineos se asentó una cultura que
practicó un culto cosmogónico íntimamente relacionado con las fuerzas de la
naturaleza
Las cuevas de Zugarramurdi se conocen con el sobrenombre de “catedral
del diablo”. Esta localidad pasó a la historia cuando entre 1608 y 1610 el
Tribunal del Santo Oficio español, liderado por el inquisidor Juan del Valle
Alvarado, procesó a más de 300 personas acusadas de brujería. Estas denuncias
incluían posesión demoníaca, celebración de misas negras, maleficios a campos y
animales, alteración del clima y practica de vampirismo y necrofagia.
La mayoría de los acusadas recibió penas de cárcel a perpetuidad después
de ser cruelmente atormentadas. Otras murieron en los mismos potros de tortura.
En los juicios decenas de ellas fueron condenadas a morir mediante el suplicio
de la hoguera como acto de purificación. Estos autos de fe se fundaban en
testimonios basados en intrigas, envidias y supersticiones que mantenían los
propios vecinos de la localidad de Logroño.




