Hace unos años, las paredes de la gran ciudad estaban de nuevo empapeladas con carteles electorales que prometían una ola de renovación y de felicidad. Los del partido comunista (tendencia Moscú) habían sido pegados con furia encima de los del partido comunista (tendencia Pekín) y viceversa. Al su lado, figuraban grandes eslóganes del partido liberal que ninguno de los dos hermanos enemigos había juzgado útil ocultar o arrancar.
¿Acaso no ocurrió un
fenómeno similar con el nacimiento del Cristianismo? San Pablo, el apóstol de
los Gentiles, aportó una contribución tan determinante para la expansión de la joven
religión que cabría preguntarse si, sin él, habría sobrevivido; para ello,
comentó y desarrolló el patrimonio judío de esta nueva religión con la ayuda de
elementos y nociones griegas que recuerdan la filosofía de los Gentiles y sus
religiones de Misterios.




