El símbolo
de la analogía por excelencia, es decir el símbolo del símbolo si así pudiera
decirse, es el sello de Salomón, o también Estrella de David, o sea la conocida
estrella de seis puntas, formada por dos triángulos equiláteros invertidos uno
con respecto al otro.
Esa
representación geométrica y su expresión numeral se corresponden en el Árbol de
la Vida sefirótico de la Cábala con Tifereth y su ubicación central en el medio
del Eje del mundo –equiparada a la del sol en el cosmos y al corazón en el
hombre– vinculada al número seis y a "la división de las aguas", que
las separa en las superiores y las inferiores: los dos triángulos invertidos a
los que anteriormente nos referíamos o el cielo y la tierra, unificándose esas
energías opuestas en el cuerpo del símbolo, o en la sefirah Tifereth que
representa así lo que se dice en el texto hermético de la Tabla de Esmeralda:
"lo
de abajo es igual a lo de arriba, y lo de arriba, igual a lo de abajo, para
obrar los milagros de una sola cosa,"
fundamentando
así la realidad de la analogía y la posibilidad de ser, tanto en el microcosmos
como en el macrocosmos, ámbito este último del Ser Universal del que el
individual es un reflejo.