Salarrué es un artista completo y poco conocido en sus múltiples
facetas, no sólo como gran narrador, esto es: novelista y cuentista,
sino por su fascinante producción plástica, valorada hasta hace pocos
años. Una imaginería cromática adelantada, para aquellos tiempos
centroamericanos, donde campea la sugestiva magia de un abstraccionismo
muy particular, lleno de fuerza y de misterio.
Con Salarrué, al igual que con muchos de nuestros autores –don
Alberto Masferrer, por ejemplo- se han cometido repetidos yerros en la
percepción y análisis de sus discursos literarios, estéticos y
filosóficos, al “divorciar”, para el caso de Salarrué, lo que denominan
su obra “realista-costumbrista-regionalista” con la calificada como
“fantástica-orientalista”. Esto ha sido señalado, por algunos
estudiosos, como el doctor Ricardo Roque Baldovinos, en su estupendo
ensayo “Salarrué, la religión del arte” (Arte y Parte, Istmo Editores,
2001).