| Rubén Darío fue llamado "El príncipe de las letras castellanas" y "Padre del modernismo". |
No discutiré si Rubén Darío fue o no masón. El tema ha sido abordado
suficientemente por el español Manuel Mantero y el colombiano Ramiro
Lagos, ambos poetas y familiarizados con la sociedad secreta --hoy
discreta-- de la fracmasonería. Solo diré que nuestro Rubén tuvo muchos
amigos masones, especialmente en Hispanoamérica; y que la masonería
incidió en su vida y obra a través de tópicos y símbolos. Pero el poeta
mantuvo su independencia interior.
Si se afirma que Rubén podía ser, al mismo tiempo, católico y masón,
es lícito añadir que también fue pagano y cristiano, platónico y
panteísta, órfico y escéptico, atormentado e infantil, inteligente e
ingenuo, memorioso y olvidadizo, americano y europeo, español y francés.
Lo cierto es que si Rubén fue altísimo, no lo fue por masón ni por
católico --ni por ninguna de las dimensiones o vivencias señaladas--,
sino por su creación totalizadora, es decir, por “torre de Dios”. Léase:
Poeta.