Como en las leyendas en que reposan los Misterios y los cultos de los pueblos antiguos,
los rituales de la iniciación masónica en sus tres grados simbólicos
constituyen una alegoría de la marcha aparente del Sol por los doce signos del Zodiaco y sus evoluciones en el ciclo de uno año, así como sus efectos en la Naturaleza manifestados en la
Primavera, el Verano, el Otoño y el Invierno.
El astro rey, constructor de la Naturaleza a la que fecunda con su calor y la alumbra con su luz, nace, crece, muere y resucita en un ciclo perpetuo sobre el firmamento.
Es el principio generador imagen de la vida y de la fecundidad, que rejuvenece y perpetúa al mundo.