Los
Picapiedras (The Flintstones, su nombre original en inglés) fue una serie animada
que se volvió intemporal por su acogida popular que proponía una réplica jocosa
de las formas y costumbres de la vida de la clase media estadounidense hacia
mediados del siglo XX.
Focalizada
en un pueblo fantástico llamado “Piedradura”, (acaso aludiendo al paciente y
duro trabajo de los obreros que burilaban los moldes brutos y efectivamente
duros de la piedra) y que estaba concebida bajo los moldes de una sociedad
primitiva pero cuyo desarrollo y vida social, combinaba lo rudimentario con lo actual,
incluyendo hasta la problemática social de aquel tiempo.
En la
serie se abordó temas comunes para la gente, sin embargo la razón por la que
estos personajes –en la misma lógica jocosa de la historieta-, aparecen como
integrantes de una logia masónica, no responde sólo a la adhesión o admiración
de sus autores a esta organización, sino, a la enorme popularidad y prestigio
de esta comunidad fraternal dedicada –como hasta estos días-, a la
beneficencia, entendida como ayuda social.
No,
sobre todo si tenemos en cuenta que parte de los graves problemas que ha tenido
que enfrentar la Masonería, es la falta de entendimiento de sus reservas
institucionales. Tan pronto se conoció la serie, despertó un debate interno
sobre su conveniencia ya que había quienes lo veían como “intromisión”. La
verdad es que la forma como ha sido tratada y elaborada la animación (y en ella
simbólicamente la vida de las logias) es respetuosa, al punto que en el apogeo
de la difusión de la serie (entre los años 1960 a 1966), cuando las reservas de
la vida masónica se guardaban aún bajo siete llaves, hay capítulos en los que
se replica –insisto, muy bien tratado-, incluso “actos de iniciación” lo que
permitió alejar el mito del secretismo de la Masonería tan difundido por sus
detractores.
Otro
de los aspectos que hay que resaltar sobre Los Picapiedras es que sirvió a la
Masonería (aun sin proponérselo los autores) para responder a esa guerra
desleal y llena de infundios planteada contra ellos, mostrándolos como una
secta secreta, por tanto conspiradora, y hasta peligrosa. Eran los tiempos en
la que los agentes productores desesperados, usaban hasta los comics e
historietas para vender entre los más jóvenes “la bondad de la guerra”, “la
necesidad de las armas para mantener la paz ” y hasta esa ideologías de muerte
que inspiró las guerras mundiales y luego el acelerado juego de la guerra
nuclear.
Es
conocido que la gran empresa cinematográfica y los agentes de la inteligencia
de las potencias mundiales encargaban “productos” sobre la base de la realidad
política de la época, lo que explica por ejemplo, el impulso a las historias de
Superman y el invencible Capitán América frente a los malos que son todos
aquellos que no son Norteamericanos, y cuyo nombre y contenido por cierto, nos
relevan de cualquier comentario adicional
Los
Picapiedras y sus historias homologadas en planos de una civilización sin
mayores diferencias, tuvo una larga y prolongada acogida, incluso hasta estos
días en los que se le programa con éxito en varios países del mundo primero
porque era una serie sana y porque siendo así, supo responder con mucho acierto
a los componentes raciales-políticos y culturales de la propaganda imperial
inaceptable, pero tan de moda en tiempos en los que la gente de color y los
pobres no existían (nadie recuerda por cierto un héroe trascendente de color,
originario de tribus Indias, menos, de comunidades procedentes del Asía o la
India).
Los
Picapiedra y los Mármol constituyen de alguna manera la respuesta a esa ficción
degradante, racial y poco ética, frente a la cual lograron imponer como
normales, criterios sociales y éticos tan elementales como la unidad de la
familia, el trabajo, los horarios, la solidaridad y hasta la defensa de la vida
animal con el rol que cumple el perro-dinosaurio Dino, la mascota.
Si
bien estos personajes fueron introducidos en una serie en la edad de piedra,
resulta meritorio el cómo los componentes modernos fueron integrados a su vez a
la serie, lo que le dio el sesgo alegre y realista que mantuvo y en el que
prevalece siempre el sentido de la familia y de la colectividad organizada.
Sólo
una anotación importante, los nombres elegidos para los personajes centrales de
la serie tampoco pueden ser una coincidencia, como no lo fue la alusión a la
masonería. San Pedro y San Pablo constituyen una solemnidad conjunta y sin duda
representan el ejercicio de la lealtad y un apostolado respecto de la
cristiandad y sus valores. Algún mensaje encierra esta vital decisión.
Pero
Pedro y Pablo, ciudadanos de Piedradura, son “cabeza de familia, gozan de las
cosas simples del hogar y viven enamorados de sus esposas. Trabajan en una
cantera ganándose el salario con su esfuerzo, en tanto Vilma y Bety cumplen las
tareas de administrar el hogar -al parecer además con mucha eficiencia-,
mientras cuidan a sus hijos Pebles y Banban, todos ciudadanos perfectamente
comunes y corrientes, sometidos al estrés de la vida citadina, pero dispuestos
a ponerle buen rostro al diario acontecer, salvo claro, en tanto no esté de por
medio el señor Rajuela, jefe en la Cantera donde trabajan picando piedras, Los
encantadores Picapiedras.
Ambos
personajes pertenecen a la hermandad (Logia) de los “Búfalos Mojados” a cuyas
reuniones asistían de vez en cuando, ataviados con un sombrero de piel de
búfalo. Los Búfalos Mojados –tratados de manera delicada y con buen gusto-, no
son otra cosa que la referencia a los modernos Shriners que actúan inspirados
en la obra realizada en la Edad de Piedra. Esta era una antigua Orden
Arábiga de los Nobles del Santuario Místico, que fue establecida en 1870
como un cuerpo dependiente de la masonería y que en Norteamérica siguen
impulsando y administrando hasta estos días, Hospitales para Niños.
A los
Shriners se les identifica por llevar la cabeza cubierta con un fez, un
típico gorro árabe que identifica sus logias con símbolos y nombres de
connotación islámica. En el caso de la Logia de los Búfalos Mojados el símbolo
que llevan en su gorro, recuerda la Media Luna Árabe y es evidente que esta
orden masónica inspiró su diseño.
Por
otro lado, la serie abre la masonería al mundo profano, con sutileza y buen
trato los muestra humanos, cercanos y ciudadanos normales y desarrollando
tareas siempre con fines altruistas, dedicándose básicamente a la beneficencia.
Si
bien actualmente los masones son mencionados y hay mucha información sobre su
origen, reuniones y taras, la serie Los Picapiedras constituye un ícono, es a
partir de esa experiencia que continúan apareciendo y con frecuencia en muchas
películas, series norteamericanas, siempre al lado del orden y los valores del
servicio y la asistencia.
Los
masones, incluso los integrantes de la logia de los Búfalos Mojados deben
mantener una conducta ciudadana ejemplar y sus valores tienen que ver con La Libertad,
La Igualdad y La Fraternidad, lo que explica de alguna manera la tremenda
influencia de una serie diseñada para niños, pero que por años, concentró a la
familia frente al televisor.
Esa es
la serie que mueve nuestros afectos más íntimos y que nos ha remontado a
nuestras ya lejana y deliciosa niñez, aquella en la que Los Picapiedras
fueron nuestra mejor compañía.
Finalmente
un dato para los interesados: La R:.L:.S:. de los BUFALOS MOJADOS abatió
columnas en el V:. de Piedradura, del O:. de la Edad Media, el primer día del
mes de abril de mil novecientos sesentiseis, pero su obra y trascendencia sigue
siendo de valiosa actualidad.
Fuente: http://horizonteposible.bligoo.es/masones-famosospedro-picapiedra-y-pablo-marmol
esa serie divertia y enseñaba en forma amena, la mayoria de las series hoy en dia,distan mucho de esas caracteristicas notorias que la hacen perdurar en el tiempo.
ResponderBorrarMentira Total! Hoy en día se sabe que es una secta Satanica que impulsa el Nuevo Orden Mundial. Lo dice el mismo masón Albert Pike en su libro de Dogmas y Normas.
ResponderBorrarEn que página?
BorrarEl fanatismo dogmatico religioso superticiosos e ignorante de los que piensan que tienen la verdad revelada
ResponderBorrar