La Masonería es la institución humana que más condenas ha
recibido de la Iglesia, en parte porque ella misma ha tenido la destrucción de
la Iglesia como una de sus prioridades. Hasta hace poco, hasta que lo cambió
San Juan Pablo II, pertenecer a la Masonería suponía excomunión ‘latae
sententiae’, automática, sin necesidad de que se proclamase. Hoy ya no es así,
aunque siga estando condenada, y es por eso que choca ver a todo uno obispo
oficiando una misa para la Masonería.