Introducción
del libro El hombre que creó a Jesucristo, de Robert
Ambelain
Costobaro y Saulo tenían también consigo gran número
de guerreros, y el hecho de que fueran de sangre real y parientes del rey les
hacía gozar de una gran consideración. Pero eran violentos y siempre estaban
dispuestos a oprimir a los más débiles...
flavio josefo Antigüedades
judaicas, XX, 8.
Guinneth-Saar, el
«Jardín de los príncipes»...
Los rabinos
denominan a este valle Kinnereth, según
el antiguo nombre que figura en sus escrituras, pero los kanaim, o zelotes, por
odio a los incircuncisos privilegiados que tienen allí sus ricas mansiones, lo
llaman Gehenne-Aretz (de lo que los
gentiles hicieron Genesa-ret, debido a
una mala pronunciación), es decir el «valle de la aridez», del mismo modo que
denominan «negrura» a Mentís, la capital religiosa del odiado Egipto, cuando
el mismo nombre en egipcio hierático significa «blancura». Juego de palabras,
inversión, que a la vez quiere ser maldición, pero que no puede hacer olvidar
el viejo dict rabínico:
«De
los siete mares que creó el Eterno, el de Kinnereth
constituye su mayor gozo...».