No vamos a
ocuparnos de la parte divina que se encierra en Abraham, porque la Biblia ya dice de esto todo lo que puede decir.
Sólo nos ocuparemos con el mayor respeto de su parte profana, de lo que se
refiere a la Geografía, al orden de los tiempos, a los usos y a las costumbres,
ya que esos usos y esas costumbres, estando íntimamente unidos a la Historia
Sagrada, son arroyos que parece que deben conservar algo de la divinidad de su
origen.
Abraham, aunque nacido en las orillas del
Eufrates, constituye una grande época para los occidentales, pero no para los
orientales, que sin embargo le respetan. Los mahometanos sólo poseen cronología
cierta desde su hégira. La ciencia de los tiempos, absolutamente perdida en los
sitios donde sucedieron los grandes acontecimientos, llegó por fin hasta
nuestros climas, en los que estos hechos se desconocían. Disputamos sobre todo
lo que pasó en el Eufrates, en el Jordán y en el Nilo, y los que hoy día poseen
el Nilo, el Jordán y el Eufrates disfrutan de esos países tranquilamente, sin
entregarse a controversias y disputas.