Proverbio egipcio

“El reino de los cielos está dentro de ti; aquel que logre conocerse a sí mismo, lo encontrará” Proverbio egipcio

viernes, 24 de abril de 2015

Doravâl: Moisés ante la zarza ardiente



“Estas cosas, oh mistos cuyos oídos no están aún purificados, recibidlas y no las repitáis a nadie. Yo, iniciado en los grandes misterios cerca de Moisés, el amigo de Dios, no he dudado en acercarme” (Filón de Alejandría, Cher., 49).

Debemos a un escritor del siglo IV, Gregorio de Nisa (135), el desvelamiento de otro de los pasajes bíblicos que ha tenido singular presencia en el simbolismo masónico y en las enseñanzas de los diferentes grados. Se trata del episodio de la visión de Moisés ante la zarza ardiente en el Sinaí que, por lo demás, es recogida en diversos catecismos masónicos.

Para ascender o culminar la cima del Monte Sagrado, Dios manda lavar las vestiduras «indicándonos con el simbolismo de las vestiduras el decoro exterior de la vida» (San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés II, 155). Igualmente, hay que despojarse del calzado (los sentidos) e incluso de los propios pies (el entendimiento porque es necesario desnudar por completo el alma; «no es posible correr con los pies calzados hacia aquella altura en la que se contempla la luz de la verdad, sino que es necesario despojarse los pies del alma de su envoltura de pieles, muerta y terrena» (San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés II, 22). Culminado el ascenso del Monte Sinaí, tiene lugar la segunda teofanía que es representada mediante la tiniebla mística (136). Moisés, «adentrándose en la densa nube donde está Dios» (Ex 20, 21), llega hasta «la tienda no hecha por mano de hombre» (Hb 9, 11) y allí es donde «Moisés fue instruido proféticamente en figuras acerca del misterio de la tienda que abarca el universo» (137). Gregorio de Nisa se pregunta «¿Qué quiere decir el que Moisés penetra dentro de la tiniebla y en ella ve a Dios?» (Vida de Moisés II, 162), ¿cuáles son esos misterios de la “tienda que abarca el universo”? Ciertamente, cuando se dice que Moisés entró en la tiniebla, donde estaba Dios (Ex 20, 21), que hizo de las tinieblas su escondite (Sal 17, 12), hay que entender que las tinieblas representan lo que está más allá de los sentidos y de la inteligencia humana.

Recordemos que Filón interpreta en la misma clave metafísica los acontecimientos de la vida de Moisés. Retirado a la soledad del desierto (ascesis), liberará a las siete hijas de Jetró (los cinco sentidos y las dos potencias) de los malos pastores que quieren sustraerlas al dominio del espíritu. También interpreta alegóricamente el matrimonio con Séfora como el de la unión del espíritu y de la sabiduría (Post., 78). Igualmente, la salida de Egipto es «el paso fuera del cuerpo y de las pasiones que sujetan el espíritu, a la manera de un río impetuoso. La Pascua significa la purificación del alma» (Spec. Leg., II, 147). Todos estos episodios de la vida de Moisés simbolizan el proceso de purificación del alma humana que pretende ver cara a cara a Dios. Hasta entonces ha visto a Dios indirectamente, es decir, a través de su reflejo en la Creación, de modo que las imágenes generadas en ese espejo, por muy bellas que puedan parecer, son mudables e inconsistentes porque están sometidas al tiempo (cambio) y al espacio (formas). La meditación, por muy sutil que sea, al basarse en la separación sujeto que medita y objeto de meditación, no puede salir de ese espejo. “El espíritu se representa a Dios creando el mundo como en un espejo” (Dec., 105).

Pero Moisés aspira a superar este conocimiento indirecto de Dios (por la meditación) y conocerle cara a cara (la contemplación):

«No te muestres en el cielo, la tierra o cualquier otra de las cosas creadas, Dios mío. Porque las imágenes creadas son perecederas, mas las que están en el increado permanecen eternamente (138)» (Leg. All., III, 101). De esta manera, al interpretar en clave contemplativa el episodio de Moisés ante la zarza ardiente, Filón revela al lector las claves del último paso (el paso sin paso) que precede a la contemplación de Dios. En efecto, Filón describe un estado contemplativo previo a la “iluminación” o éxtasis místico que describe como “tinieblas”.

Tal estado acontece después de haber rechazado toda información venida de las otras cosas y se caracteriza por la singularísima circunstancia de que no hay nada; ni ideas, ni formas, ni comprensión (139). Ello requiere inicialmente de una intensa y recta atención (kawwanāh), es decir, una atención sobre sí mismo (o prestar atención sobre la propia atención) con total desapego a los objetos externos y «dirigir el corazón al Padre que está en los cielos» (Talmud, Berakhoth, I, 5b). Filón reconoce tal estado en el pasaje bíblico de la ascensión del Sinaí en donde «Moisés penetra en la tiniebla en donde mora Dios; es decir, en las nociones ocultas y sin forma sobre el Ser» (Post., 14).

Ello se debe a que «Moisés ha contemplado la realidad sin forma –los divinos oráculos dicen, en efecto, que ha penetrado en la tiniebla, simbolizando con ello la esencia  invisible e incorpórea–, habiéndolo explorado todo de todas las maneras, trataba de ver el bien único y muy deseable. Pero como no encontraba nada, ni siquiera una idea que tuviera alguna semejanza con lo que esperaba, después de haber rechazado toda enseñanza venida de las otras cosas, buscó la ayuda de aquel mismo a quien buscaba, diciéndole: “Muéstrate a mí para que te vea claramente”» (Post., 7-8).
Notas:
135 Jean Daniélou, Platonisme et Théologie mystique. Essai sur la doctrine spirituelle de saint Grégoire de Nysse, Paris, 1944; A. Spira (ed.), The Biographical Works of Gregory of Nyssa, Filadelfia, 1984.
136 J. Daniélou, Mystique de la ténèbre chez Grégoire de Nysse, en Dictionnaire de Spiritualité, II, Paris, 1952-1995, pp.1872.1885.
137 Esta tienda es Cristo, fuerza y sabiduría de Dios (1 Co 1, 24), que en su propia naturaleza no está hecho por mano de hombre, pero que permitió ser hecho cuando fue conveniente que su tabernáculo fuese construido entre nosotros» (San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés II, 174).
138 Metáfora utilizada también por san Pablo: «Ahora vemos en un espejo, mas entonces veremos cara a cara: hoy conozco en parte, mas entonces conoceré como soy conocido» (I Cor., XIII, 12). Tal argumento será desarrollado con amplitud siglos más tarde por Nicolás de Cusa.
139 También en esto Filón anticipa las descripciones del estado de vacío del alma que alcanza su expresión más conocida en la noche oscura del espíritu de san Juan de la Cruz.
Fuente: Doravâl, E.  CHARLAS PARA MASONES: LOS MÉTODOS DE MEDITACIÓN.  NN Editores. Primera edición: Madrid, 2012 Págs. 237-241

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